por no darle ni un segundo al minuto de enfrente,
nos dolemos y hurgamos hasta que rozamos
ese dolor, esa chispa de vida en la cima de lo hiriente.
Palpamos sin medida, como queriendo mas,
no por nada primero sumar y despúes restar,
el profesor, resultó no ser tan inteligente
desde niños nos barren para occidente
y la leccion estaba a medio enseñar.
Matemos los quejidos consentidos,
los sinsentidos de sus espirales
demonos luz y abrigo
para estos tiempos "finales",
nada mas bonito que un quejío
que despierta vida en los portales.
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